Sarampion y otras enfermedades exantemáticas
En enfermedades exantemáticas agudas como el sarampion, escarlatina, viruela, o varicela, siempre se ha considerado que la presencia de una erupción cutánea bien manifiesta es un buen pronóstico, y no era raro que, si la erupción era ligera, se tomaran medidas para que apareciera con más fuerza. Además, es bien sabido que en la sífilis los pacientes con manifestaciones primarias o secundarias marcadas prácticamente nunca desarrollan complicaciones viscerales o nerviosas graves, y que una dermatitis siempre parece ofrecer un pronóstico favorable en pacientes con sífilis visceral.
Finalmente, es un hecho clínico que los pacientes con tuberculosis cutánea raramente desarrollan afección pulmonar. Todo esto es indicio de que la piel, además de brindar protección puramente mecánica, aparentemente tiene una función biológica específica destinada a proteger los órganos internos de los agentes patógenos. Zinsser comunicó en 1939 indicios que sugieren que, en virtud de su composición química, la piel poseería la función de extraer sustancias tóxicas introducidas en el organismo esto explica una variedad de reacciones dérmicas como eritema tóxico, urticaria, etc.



